miércoles, 2 de febrero de 2011

Imagínatelo

Imagínate cómo sería llegar a tu casa y decir: ¿qué hago ahora? Ver la televisión, leer un libro, encender el ordenador... No tengo nada que hacer. No tengo nadie en quien pensar, sólo en mi. Podría irme a correr todos los días, apuntarme a clases de baile o volver a dibujar. Podría irme a nadar o quedar entre semana con los amigos que pudieran, o los que aún estuvieran ahí. Podría buscar trabajo y ocupar todas mis tardes y sábados a jornada completa en ello, sin importarme quedar con nadie ni pasar horas y horas con alguien. Imagínate en tu cama, mirando hacia tu derecha, puede que recordando. Imagíname preparando un desayuno con tostadas, mantequilla, mermelada y zumo para mi, solo para mi. Imagínate, llegando de tus clases semanales, bajando de tu coche y preguntándote: ¿qué hago ahora?. Imagíname a mi, volviendo de la Universidad en el metro, escuchando música, absorta y evasiva. Mirando a la gente, con el móvil en el bolsillo pequeño de la mochila, olvidado. Imagínate, muerto de ganas por tener alguien que te quiera, alguien a quien querer. Y yo, muriéndome por tener a alguien en quien pensar. Alguien que también piense en mi.

sábado, 8 de mayo de 2010

Los besos que me pierdo

Mientras te besaba, no estaba ahí. Estaba pensando en el frío que hacía, en que no debía llegar muy tarde porque los nervios en mi casa estaban a flor de piel; estaba pensando en esto, en aquello, pero no estaba pensando en ti. Mi cabeza estaba ocupada en otras cosas, no disfrutando ese último beso, mientras tú me decías ''no sonrías, que entonces no te puedo besar bien...''. Estaba, pero no estaba. Y, nada más cerrar la puerta de mi portal, mientras tú esperabas de pie al lado de tu coche a que me metiera en casa, me di cuenta. Fui consciente de que no me quería perder ni un sólo beso contigo, ni el de bienvenida ni el de despedida. Quería vivirlos todos con la misma intensidad, con las mismas ganas, centrándome únicamente en ti y en ese beso, en nuestro beso.

viernes, 5 de febrero de 2010

Clásico de los míos

Paseábamos por la calle, tranquilos. Sabía que estaba orgulloso de mí, me mostraba contento ante los árboles, los bancos, las calles, los parques, las personas. Y me cogía de la mano, fuerte, para sentirla y saber que no me iba a soltar. La verdad es que ni siquiera me lo planteé; no quería soltarme en aquellos momentos. Lo que sí que es cierto es que temía que las circunstancias se pusieran en mi contra, y mi corazón cambiara de bando apostando sus ilusiones en un juego que de sobra sabía que no ganaría. No, no está bien jugar con las ilusiones de la gente, y menos con las de las personas que te importan. Pero me miraba tan feliz... siempre he pensado que su sonrisa radiaba entre todas las cosas. Son esas sonrisas que recuerdas por lo sinceras que son; las que dan magia al rostro, con las que también se enarcan los ojos, y ríen. No quería soltarme de su mano, pero el miedo a hacerlo era mayor que todo el deseo que pudiera sentir en ese momento.
Mientras tanto, olvidando el futuro y sus tantos acontecimientos que más tarde nos acorralarían en un callejón oscuro y sin salida, vivíamos el presente. O al menos eso intentaba yo; dejar de lado lo que no existía siquiera, y dar sentido a lo que estaba haciendo. Iba de su mano. Él estaba orgulloso de mí, de llevarme, de presentarme ante el mundo, de decir que yo era la afortunada. Su afortunada. Y me sentía bien, porque nadie antes me había paseado de tal manera. Y con tal sonrisa.

domingo, 31 de enero de 2010

Ene o. No.

Rómpeme la fe, déjame ser yo, no repliques, no me mires de esa manera. No finjas, no lo intentes, no vengas, no quieras tener ganas si no te nace. No llames, no insistas, no hables. No actúes, no lo hagas. No te fuerces, no te reprimas. Huye si es lo que quieres, vete si no quieres quedarte, cuelga si no quieres oírme, déjalo si te cansas. No me quieras, aunque puede que ya lo estés haciendo...

jueves, 28 de enero de 2010

Nuestro reto.

Tal vez, por eso estamos aquí: porque tú tienes curiosidad por conocer a esa persona que escondo y no dejo salir, y porque yo intento descifrar con palos de ciego lo que quieres y lo que no, lo que piensas, lo que sientes. Los dos estamos intentando averiguar algo, ¿te das cuenta? Puede que sea eso lo que, ahora, nos está manteniendo unidos, y lo estaremos tanto tiempo como duren nuestras ganas de querer conocernos. El problema es ese, que puede que tú te canses antes, o que yo lo haga. Y, ¿sabes qué será lo más probable que pase si, al final, tú acabas descubriendo mi otro yo y yo te considero alguien previsible? que nos cansaremos y ya no supondremos un reto para el otro. Ni yo para ti y, quizás, ni tú para mi. O puede que nos enamoremos como dos idiotas cuando veamos que tanto tiempo, que tanta investigación sin ánimo de lucro, ha dado sus frutos: conocernos y querernos así, tal y como somos. Esa, para mi, sería la mejor prueba para justificar que todo este tiempo contigo está valiendo la pena...

miércoles, 27 de enero de 2010

A huecos vacíos

Se sienta frente al ordenador con su tazón de cereales. Los ojos se le entornan y la canción que suena de fondo le invita a querer dormir, en un sueño profundo y duradero. Había sido un día duro, como todos los anteriores, pensó. Últimamente, esos eran los mejores momentos. Cerró los ojos un segundo y respiró hondo. Lo echaba de menos...

viernes, 22 de enero de 2010

Quién sabe...

Se besaban desenfrenadamente, no sabían si había amor de por medio, sólo se apreciaba la pasión con la que lo hacían. Manos que subían y bajaban, cuerpos rozándose, respiraciones agitadas y ganas. Ganas, ganas y más ganas, de todo y de nada, de romperse, de fundirse, de perderse el uno en el otro. Algo, de pronto, les frenó. Él se retiró y la miró, preocupado y aún nervioso.
- No quiero hacerte daño...
- No, no... Bueno, me hace un poco de daño, pero lo aguanto. No es nada...
- No... Yo, yo no quiero hacerte daño...

Entonces, ella se alzó un poco y lo besó dulcemente.
- Si no lo haces tú, lo tendrá que hacer otro.
- Hombre, ya lo sé...- puso cara de saber lo evidente, y volvió a fijar sus ojos en ella, pensativo.
- Y creo que sabes de sobra que prefiero que seas tú quien lo haga.

De repente, sonó la alarma de su reloj.
- Dentro de quince minutos me tendré que ir...
- No importa, con quince minutos nos bastan...

Ella lo cogió y comenzó a besarlo, intentando inducirlo, manipulándole con besos cargados de amor, de deseo.
- No, no, yo no quiero hacerlo y dejarte aquí, sin más.
- Joder, yo no lo interpretaría así...
- No, joder, no... -Se tumbó a su lado, cogiéndola con delicadeza, apoyando la cabeza en su pecho y acariciándole la tripa-. Si lo hacemos, tiene que ser especial; no quiero hacerlo contigo y tener que irme.- Ella lo miraba, silenciosa, expectante-. Si lo hacemos, quiero quedarme agarrado a ti después, desnudos, con la mantita hasta el cuello, abrazados... - vio como ella sonreía y acercaba su cabeza a la suya, agradeciéndoselo con la mirada-. De verdad, eso es lo que quiero...

Ella lo miró. Se sentía bien por lo que acababa de escuchar.
- ¿Qué me quieres decir? ¿Que yo soy especial?
- Eso era obvio... Además, la primera vez juntos, no sé... No puede ser de cualquier manera, ¿no?
- Sí...- Ella lo acariciaba y lo miraba atónita, encantada. Se mezcló con ese deseo desenfrenado una ternura indescriptible, las ganas de abrazarlo y no dejarlo marchar.

- Y... -Ella quiso romper ese silencio- ¿Cuándo te gustaría? ¿Invierno o verano?- rió, porque sabía que era una de sus preguntas absurdas, llenas de pequeños detalles que tampoco tenían demasiada importancia.
- No importa cuando. Lo importante es que sea contigo...

Continuaron abrazados. La pasión iba y venía; de vez en cuando, parecían volver a caer en esa tentación inevitable de la que pocos se salvaban si realmente amaban. Notó algo especial, algo extraño que desde hacía tiempo no sentía. Tal vez les fuera bien, quién sabe...