martes, 12 de enero de 2010

No lo sabes...

Era tu olor. Paseábamos por la tienda de juguetes, y tu olor era como una especie de ráfaga inesperada que me traía la leve brisa del aire acondicionado del recinto. Ese olor que, sin explicármelo, me hacía sonreír. Y me pregunto por qué coño sonreía, si era un olor, un simple olor. El olor que ahora llevo en mi ropa y que, contrariamente, hace que quiera llorar. Que rompa a llorar como una santa idiota que no sabe qué es lo que quiere; o sí, pero sabe que no puede tenerlo. Ese olor que me gustaría tener en mis sábanas, en mi pelo, en mi camiseta de por vida. Ese puto olor, joder. Tu olor, sólo el tuyo. Es pensarlo y echarlo de menos, echarte de menos. E intento preguntártelo, conseguir una respuesta que me suene sincera, que me convenza de que tú sientes lo mismo, y me siento una loca que sólo recibe sutiles afirmaciones para no quedar descontenta. ''¿Ya sabes lo que sientes?'', ''Aún estoy un poco liado... ¿y tú?'', ''bueno... me confundo; unas veces pienso que sí, otras que no...''. Mentira. Sólo es una manera de no parecer tan estúpida. ''Sí, a mi me pasa lo mismo. Pero bueno, ¿ahora estás a gusto?'' ''Claro, sí, sí que lo estoy...'', ''Entonces, quédate con eso''. Y ahí se acaba todo. Y puede que tengas razón, que lo único que importa es el momento que tenemos ahí, nuestro momento. Pero no puedo dejar de pensar en que, tal vez, llegue un momento en el que ya no haya presente que valga, que tú y yo estemos tan lejos que ni nos reconozcamos. Y, sin embargo, sin quererlo, ya lo sé. Sé que tú no eres para mi, ni que yo soy para ti. Somos demasiado distintos como para estar juntos, te lo dije desde el primer día. Pero puto destino... ¿Entonces por qué nos puso en el mismo lugar y en el mismo momento aquel día? ¿Por qué hizo que nos quedáramos solos en ese coche? ¿Por qué me besaste y después me convenciste de que contigo todo sería diferente? Quizás ni te esforzaste en hacerlo; fui yo la que quiso creerlo y aferrarse a ello. Pero yo lo notaba, yo notaba algo distinto, de verdad. Joder, créeme. Cuando nos mirábamos, cuando me tocabas, cuando me llevabas. ''Me gustaría que salieran las cosas bien entre nosotros, de verdad...''. Parece que te cuesta contestar, haces el silencio demasiado largo. Da la sensación de que no sabes qué decir, o que no quieres decirlo por miedo a hacerme daño. Y yo siento impulsos de gritártelo. Te quiero, te quiero, te quiero joder, te quiero, y no te enteras de una mierda... Pero eso sería caer demasiado bajo, sería poner mi corazón sobre la mesa decorado con una manzanita, pidiendo que se lo comieran o que lo trincharan como a un cerdo. Sé que no las tienes todas contigo, y lo que no entiendo es cómo yo puedo tenerlas todas en mí. No lo entiendo, parezco masoca. Y como una inútil, dejo que me toques, que me beses, que me digas lo mucho que te gusto, que me cojas con delicadeza y me guíes, que me abraces, que me aprietes, que me mires de esa forma...
No sabes nada, no sabes nada de lo que pasa aquí...

No hay comentarios:

Publicar un comentario